Azoteas de la ciudad - La glamorosa Torre Perlach

Al tercer día de la llegada, destino: Torre Perlach con Irene, una amiga muy agradable, quien me enseñó Augsburgo "desde arriba". 


¡La ciudad es de veras mágica! A pesar de las numerosas callejuelas serpenteantes conserva el típico orden alemán. Con una sola mirada al pintoresco paisaje se puede recorrer las distintas eras: Medieval, Renacentista o Modernista - Augsburgo es un museo vivo.

 La Habana es más colorida, despierta, ruidosa y un poco "caótica", según algunos. Y sorpresa: de los acostumbrados autos antiguos, llamados almendrones que identifican a la Isla, aquí en este lado del sol no he visto ninguno. Si bien hay coches veteranos, los nuestros son más populares entre los turistas. Brindan un encanto nostálgico de los años 50 y transforman a cada pasajero en los famosos del cine Grace Kelly o Clark Gable. 

 Siguiendo el tema de los carros vistos desde la Torre Perlach, como era de suponer, la mayoría son modernos en correspondencia con las calles curvas y angulosas, que también asombran por ser tan lisas como "piel de melocotón", llamadas así por los propios nativos.

Un buen caos - ¡que sólo puede haber en Alemania!

 

 

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